El Setè Cel

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FELIZ DÍA DE LA MUJER

Escrito por juanserrateo 24-03-2009 en General. Comentarios (0)

A todas las mujeres les regalo una poesía de Joan M. Serrat

 

Amigo mío que
desde que el tiempo fue
tiempo, vas sembrando guijarros
por donde es plomo el sol
y es tan espeso el polvo
del camino, que embarra el canto.

Si al ir manso a doblar
un recodo hacia el mar
vieses los ojos de esa muchacha,
detén tus aguas y
pregúntale si
se acuerda de mí.

Si la ves en primavera,
corre con ella
por los trigales,
arrancando amapolas, avena y grama
para adornar el jarrón que hay junto a su cama.

Si la ves cuando el verano,
corre su mano
seca y calina,
mécela entre tus brazos frescos de río.
Y vuelve para contármelo. Amigo mío.

Si al ir manso a doblar
un recodo hacia el mar
vieses los ojos de esa muchacha,
detén tus aguas y
pregúntale si
se acuerda de mí.

Si la ves cuando el otoño,
te hace ancho y hondo
y sueña el barbecho,
cuéntale que la llevo como el abrojo,
prendida en el pelo, el alma, el vientre y los ojos.

Si la ves cuando el invierno,
viste su terno
blanco y helado,
cuida que por las noches no sienta frío.
Y vuelve para contármelo. Amigo mío.

Amigo mío / Joan Manuel Serrat /1970

MAPA DEL TIEMPO

Escrito por juanserrateo 07-03-2009 en General. Comentarios (0)

Hace unos  cuatro mil quinientos millones de años, años más, años menos, una estrella enana escupió un planeta, que actualmente responde al nombre de tierra.

Hace unos cuatro mil doscientos millones de años, la primera célula bebió el caldo del mar, y le gustó, y se duplicó para tener a quien convidar el trago.

http://juanserrateo.blogspot.es/img/parejas.jpg

Hace unos cuatro millones y pico de años, la mujer y el hombre, casi monos todavía, se alzaron sobre sus patas y se abrazaron, y por primera vez tuvieron la alegría y el pánico de verse, cara a cara, mientras estaban en eso.

Hace unos cuatrocientos cincuenta mil años, la mujer y el hombre frotaron dos piedras y encendieron el primer fuego, que los ayudó a pelear contra el miedo y el frio.

Hace unos trescientos mil años, la mujer y el hombre se dijeron las primeras palabras, y creyeron que podían entenderse.

Y en eso andamos, todavía: queriendo ser dos, muertos de miedo, muertos de frio, buscando palabras.

Eduardo Galeano

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 Bocas del tiempo  (Pag.119)

 

NIÑO YUNTERO

Escrito por juanserrateo 06-03-2009 en General. Comentarios (0)
(Basado en una historia del libro Crónicas y Sueños de Juan Serrateo)

El diario sin pudor ni misericordia escupe el artículo: “Esclavos argentinos 1.500.000 de chicos entre 5 y 14 años, trabajan en la Argentina. Esta cifra vergonzosa fue revelada por OIT (Organización Internacional del Trabajo), el 12 de Junio, Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Estas nenas y nenes –dice la OIT- trabajan en condiciones insalubres. Mundo Salvaje … 250 millones de menores trabajadores es la cifra que da la OIT al referirse al alcance de ese dramático problema a nivel mundial. De ellos, remarca la OIT, unos 180 millones de chicos son sometidos a malos tratos y situaciones intolerantes”.
Seguramente mientras el editor de esta noticia, recopilaba datos de diversas fuentes, sentado detrás de su escritorio, uno de esos niños lava parabrisas en una esquina de Buenos Aires (Ver nota Juegos y Juguetes).
Mientras eso pasa, en otros lugares también de Buenos Aires, otros niños venden flores en las esquinas, otros abren puertas de taxis, mientras que algunos tratan, en los vagones del subte, de vender biromes, señaladores o estampitas del algún dios o santo al cual ni siquiera tienen el gusto de conocer, ya que nadie se ha tomado la molestia de presentárselo.
Unos pocos tratan con variada suerte hacer malabares en los semáforos, mientras que algunos otros, carentes de la “poderosa estructura comercial” que poseen los anteriores simplemente piden una moneda y muchos más son los que transitan la calle con sus padres, al amparo de las sombras de la noche, rasgando y hurgando bolsas que otros descartaron como basura, recogiendo cartones, papeles y muchas veces restos de comidas.
Tristemente otros, que no tienen “la inmensa suerte” de los anteriores, observan aún con lo poco que queda de su rostro de niño, de ojos opacos y mirada malgastada, el negro y centelleante cartel que el infortunio agita gozosamente, en donde les señala: “Game Over”, para concluir entrando en el circulo de la droga, del robo, la violencia familiar, la pornografía infantil o el trafico de órganos humanos.
Pero eso sí.
Todos.
Absolutamente todos sin distinción de edad, credo o suerte en esta vida, deshilachan su menuda infancia costeando quien sabe que culpa ajena.
Mientas esto pasa, la muerte convertida en una carcajada macabra, disfruta cada instante de gloria suprema.
Es terrible , pero en mi mente, hay veces que dudo que realmente sean niños.
Pareciera que son solo hologramas sin esperanza generados por una sociedad que después de parirlos los marginó en su impiadosa y demente carrera en pos de una globalización de consumo despiadado, sin darse cuenta que esa carrera solo conduce a la más absoluta soledad y desesperanza.
¿Como una carrera puede ser exitosa si para traspasar la meta hay que pulverizar una infancia?
¿Como se mide el éxito, si a la infancia de hoy la estamos desgajando a tirones y por ende lo que estamos despedazando es nuestro futuro como seres humanos?.
Estas son algunas de las preguntas a las que no tengo respuesa.
El artículo del diario tampoco me da ninguna respuesta.
Poco puede responder un artículo que solo mereció un espacio de tan solo 8 por 15 centímetros en una página interna.
Mientras tanto, hojas enteras hablan de la interna política entre los poderes públicos, de la situación de la selección de fútbol, de un nuevo caso de corrupción en las esferas del poder o de otro nuevo caso de secuestro extorsivo, mientras aún no se acallaron las voces del anterior secuestro.
Páginas completas con cientos de renglones y fotos, cada día, más atroces, se ocupan de la situación mundial, y hasta una sección completa del diario, se usa para elogiar de los nuevos y voluptuosos implantes que se ha colocado tal o cual modelo de actualidad, mientras que describen con lujo de detalles la vida amorosa de algunos notables desconocidos de la farándula, que tienen su pequeño, avariento y efímero momento de gloria.
Tan efímero como esa infancia que se desgarra minuto a minuto en las esquinas de Buenos Aires.
La cifra de 1.500.000 chicos que trabajan en condiciones insalubres solo mereció 90 palabras.
Solo 90 palabras …
 

Pensar que nosotros los mayores, porque en esto todos en mayor o menor medida tenemos una parte de culpa en esto, les hemos cambiado pelotas de fútbol, muñecas o figuritas por mendigar en la vía pública.
Les hemos permutado colegio, casa, comida, y amor por una vida que estoy convencido fehacientemente que ninguno de nosotros admitiría para nuestros hijos y lo peor de todo es que quizás lo henos hecho inconscientemente.
Se los hemos cambiado cuando no fuimos capaces de levantar la voz pidiendo justicia social, cuando no ejercimos nuestro derecho a exigir y a reclamar a nuestros administradores de turno que terminen con sus internas de poder y se ocupen de los temas de los que realmente tienen que ocuparse, cuando dejamos abandonadas a su suerte y a la buena voluntad, generalmente escasa, de los burócratas de turno, a las ONG que luchan día a día para lograr un mundo más justo.
Siento que somos culpables cuando leemos estos artículos en donde organizaciones mundiales, dan cifras y cifras, pero no se encuentra por ningún lado soluciones concretas, con acciones a tomar y fechas de cumplimiento, y seguimos sin alzar nuestra voz.
Pero si somos capaces de cortar calles, puentes, levantar barricadas y arrasar con cuanto se ponga en nuestro paso cuando la política económica nos mete la mano en los bolsillos con nuevos impuestos o nos confisca el dinero de los ahorros guardado en los bancos.
Inconscientemente somos egoístas.
Egoístas con esos chicos, pero por sobre todo egoístas con su futuro y también con nuestro futuro como especie.
Ese niño de hoy que limpia parabrisas, es el futuro que nos mira con ojos descarnados y desalentados, mientras la muerte temprana frota sus manos regocijándose de la situación.
¿Nadie la ve?
¿Nadie siente su risa que tendría que sonar como un escupitajo en el rostro?
Ese niño es el futuro que nos señalará con el dedo y nos preguntará el día de mañana:
¿Qué hiciste por mí cuando pudiste?
¿Por qué no me cuidaste y me dejaste abandonado?
¿Por qué no tuve las mismas oportunidades que otros chicos?
¿Por qué no pude tener un plato caliente y una cama acogedora sin tener que mendigar por ella?
¿Por qué me quitaste la posibilidad de estudiar, de crecer en dignidad?
¿Por qué me arrojaste al abismo y perdí mi infancia?
¿Por qué ?
¿Por qué ?

Obviamente esto del trabajo infantil no en nuevo, ni es un invento argentino.
Ya allá por 1936 la vieja República Española, por ejemplo, soportaba las exigencias de una clase trabajadora cada vez más sojuzgada, más empobrecida y con menos esperanzas en su futuro
El camino al holocausto Español se preparaba en forma meticulosa y con prolijidad por aquellas bestias que hicieron propio el lema de “Viva la Muerte. Muera la Inteligencia”
Y en ese entorno de desazón, hubo voces valientes que se levantaron, como un estandarte ante la injusticia. Una de ellas fue la del poeta Miquel Hernández.

Justamente hay un poema de él que se llama “Niño Yuntero”, en el cual él revive su propio drama de niño pastor de cabras. Según sus propias palabras: “ Han pasado mis ojos por los pueblos de España. ¿Que han visto? Junto con los hombres tristes y gastados de trabajar y mal comer, los niños yunteros, mineros, herreros, albañiles, ferozmente contagiados por el gesto de sus padres: Los niños con cara de ancianos y ojos de desgracia”
Y cuando recuerda a sus amigos de la infancia de clase alta, les dice con gran dolor y resentimiento: “ Mientras nosotros éramos desterrados de la alegría, de los juegos y las fiestas, de la hermosura de vivir limpios y satisfechos; mientras nos comían el calor y el frío, los hijos de los ricos, por muy dignos de cuidar cerdos que fueran, gozaban de todo y solo para ellos se abrían las aulas”
En este poema Miguel Hernandez hace un llamado a los labriegos, a los campesinos, para que ellos, desde su humilde condición, salven a esos chiquillos, sumidos en el hambre, en la injusticia atroz y en la explotación más terrible.
 



El niño yuntero
Poema de Miguel Hernández 
 Música de Joan Manuel Serrat


Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja y ya encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta,
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvias y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente,
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a ese chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

EL ELECTRICISTA / RENE FAVAROLO

Escrito por juanserrateo 03-03-2009 en General. Comentarios (0)

Andaba en bicicleta, con la escalera al hombro, por los caminos de la Pampa.

Bautisra Riolfo era electricista y sieteoficios, un todero que arreglaba tractores, relojes, molinos, radios o escopetas.

La joroba que tenía en la espalda le había salido de tanto agacharse hurgando enchufes, engranajes y rarezas.

Rene Favarolo. El único médico de la comarca, también era todero.

Con los pocos instrumentos que tenía y los remedios que encontraba, oficiaba de cardiólogo, cirujano, partero, psicólogo y especialista en todo lo que se necesitara componer.

Un buen día,  Rene viajo a Bahía Blanca y a la vuelta se trajo una máquina jamás visto en aquellas soledades habitadas por el viento y el polvo.

Ese tocadiscos tenía sus mañas.

En un par de meses se negó a seguir funcionando.

 

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Y ahí vino Bautista, en su bicicleta. Sentado en el suelo se rasco la barba, investigó, soldó unos cablecitos, ajustó tornillos y arandelas:

A ver ahora -  dijo.

Para probar el aparato, René eligió un disco, la Novena Sinfonía de Beethoven y colocó la púa en su movimiento preferido.

Y la música invadió la casa,  y se echo a volar  por la ventana abierta, hacia la noche, hacia la tierra de nadie y siguió viva en el aire ciando el disco dejó de girar.

René comentó algo, o algo preguntó, pero Bautista no contestó nada.

Bautista tenía la cara estrujada entre las manos.

Un largo rato pasó, hasta que el electricista consiguió decir:

- Perdone Don René, pero yo nunca había escuchado eso.

Yo no sabía que esa.... electricidad existía en el mundo.

 

Eduardo Galeano

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Bocas del Tiempo (Pag. 167)

 

 

René Favarolo

 

René Gerónimo Favaloro nació el 14 de julio de 1923, en La Plata, Argentina. Cursó la primaria en una modesta escuela de su barrio, donde, con pocos recursos, se fomentaba el aprendizaje a través de la participación, el deber y la disciplina. Gracias a sus padres -su madre era una habilidosa modista- aprendió a valorar el trabajo y el esfuerzo.

Su abuela materna le transmitió su amor por la tierra y la emoción al ver cuando las semillas comenzaban a dar sus frutos. A ella le dedicaría su tesis del doctorado: "A mi abuela Cesárea, que me enseñó a ver belleza hasta en una pobre rama seca".

Al finalizar la escuela secundaria ingresó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. En el tercer año comenzó a concurrir al Hospital Policlínico y con ellas se acrecentó su vocación al tomar contacto por primera vez con los pacientes.

Después de graduarse en 1949, ejerció como médico rural en la provincia de La Pampa, durante doce años. Esa etapa de su profesión forjó en él una conciencia social que lo marcaría en todos los emprendimientos de su vida. Durante los años que Rene, junto a su hermano (también médico) permanecieron en La Pampa, crearon un centro asistencial y elevaron el nivel social y educacional de la región. 

Con la ayuda de los maestros, los representantes de las iglesias, los empleados de comercio y las comadronas, de a poco fueron logrando un cambio de actitud en la comunidad. Así, lograron que casi desapareciera la mortalidad infantil de la zona, redujeron las infecciones en los partos y la desnutrición, organizaron un banco de sangre viviente con donantes que estaban disponibles cada vez que los necesitaban y realizaron charlas comunitarias en las que brindaban pautas para el cuidado de la salud.

Favaloro leía con interés las últimas publicaciones médicas y cada tanto volvía a La Plata para actualizar sus conocimientos. Quedaba impactado con las primeras intervenciones cardiovasculares: era la maravilla de una nueva era. Poco a poco fue renaciendo en él el entusiasmo por la cirugía torácica, a la vez que iba dándole forma a la idea de terminar con su práctica de médico rural y viajar a los Estados Unidos para hacer una especialización. Quería participar de la revolución y no ser un mero observador. En uno de sus viajes a La Plata le manifestó ese deseo al Profesor Mainetti, quien le aconsejó que el lugar indicado era la Clínica Cleveland. 

A los 40 años se fue a trabajar como Residente de Cirugía a la Clínica Cleveland, donde llegó a Cirujano de Planta. En ese lapso desarrolló la técnica del By-Pass Aorto-Coronario, para lo cual fue fundamental la contribución de su compañero de trabajo Mason Sones, quien desarrolló la cinecoronariografía, estudio indispensable previo a la cirugía.

Al principio la mayor parte de su trabajo se relacionaba con la enfermedad valvular y congénita. Pero su búsqueda del saber lo llevó por otros caminos. Todos los días, apenas terminaba su labor en la sala de cirugía, Favaloro pasaba horas y horas revisando cinecoronarioangiografías y estudiando la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco.

A comienzos de 1967, Favaloro comenzó a pensar en la posibilidad de utilizar la vena safena en la cirugía coronaria. Llevó a la práctica sus ideas por primera vez en mayo de ese año. La estandarización de esta técnica, llamada del "bypass" o cirugía de revascularización miocárdica, fue el trabajo fundamental de su carrera, lo cual hizo que su prestigio trascendiera los límites de ese país, ya que el procedimiento cambió radicalmente la historia de la enfermedad coronaria. Está detallado en profundidad en su libro Surgical Treatment on Coronary Arteriosclerosis, publicado en 1970 y editado en español con el nombre Tratamiento Quirúrgico de la Arteriosclerosis Coronaria. Hoy en día se realizan entre 600.000 y 700.000 cirugías de ese tipo por año solamente en los Estados Unidos.

Su aporte fue resultado de conocimientos profundos de su especialidad, de largas horas de investigación y de intensa labor. Favaloro decía que su contribución no era personal sino el resultado de un equipo de trabajo que tenía como primer objetivo el bienestar del paciente.

El Doctor Favaloro fue el primero, que satisfactoriamente realizó la cirugía del bypass de la arteria coronaria del corazón. Substituyó la obstrucción de la arteria coronaria de una mujer de 51 años en mayo de 1967 con un pedazo de vena saphenous en la Clínica de Cleveland. Esto fue "el principio" de la cirugía del bypass,  que gradualmente se ha ido mejorando con la nueva tecnología. Favaloro indudablemente ha cambiado la historia de la enfermedad coronaria.

Favaloro volvió a su país en 1971, con el sueño de desarrollar un centro de excelencia similar al de la Clínica de Cleveland, que combinaba la atención médica, la investigación y la educación. Con ese objetivo se creó la Fundación Favaloro en 1975. Desde entonces, más de 400 residentes se han formado bajo su supervisión. Los innumerables cursos, seminarios y congresos organizados por la Fundación, entre los que se destaca "Cardiología para el Consultante" -que tiene lugar cada dos años-, contribuyeron a elevar el nivel de la especialidad para beneficio de los pacientes.

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En 1980 Favaloro creó el Laboratorio de Investigación Básica -al que financió con dinero propio durante un largo período- y con posterioridad pasó a ser el Instituto de Investigación en Ciencias Básicas del Instituto Universitario de Ciencias Biomédicas y que, a su vez, dio lugar, en agosto de 1998, a la creación de la Universidad Favaloro. En la actualidad la universidad consta de una Facultad de Ciencias Médicas, donde se cursan dos carreras de grado -medicina (iniciada en 1993) y kinesiología y fisiatría (iniciada en 2000)- y una Facultad de Ingeniería, Ciencias Exactas y Naturales, donde se cursan tres carreras de ingeniería (iniciadas en 1999).

En 1992 se inauguró en Buenos Aires el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro, entidad sin fines de lucro. Con el lema "tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico" se brindan servicios altamente especializados en cardiología, cirugía cardiovascular y trasplante cardíaco, pulmonar, cardiopulmonar, hepático, renal y de médula ósea, además de otras áreas. Favaloro concentró allí su tarea, rodeado de un grupo selecto de profesionales.

Siguió haciendo hincapié en la prevención de enfermedades y enseñando a sus pacientes reglas básicas de higiene que contribuyeran a disminuir las enfermedades y la tasa de mortalidad. Con ese objetivo se desarrollaron en la Fundación Favaloro estudios para la detección de enfermedades, diversidad de programas de prevención, como el curso para dejar de fumar, y se hicieron varias publicaciones para el público en general a través del Centro Editor de la Fundación Favaloro, que funcionó hasta el año 2000.

Jamás perdió oportunidad de denunciar problemas tales como la desocupación, la desigualdad, la pobreza, el armamentismo, la contaminación, la droga, la violencia, etc, convencido de que sólo cuando se conoce y se toma conciencia de un problema es posible subsanarlo o, aun mejor, prevenirlo.

Favaloro recibió innumerables distinciones internacionales entre las que se destacan: el Premio John Scott 1979, otorgado por la ciudad de Filadelfia, EE.UU.; la creación de la Cátedra de Cirugía Cardiovascular "Dr René G. Favaloro" (Universidad de Tel Aviv, Israel, 1980); la distinción de la Fundación Conchita Rábago de Giménez Díaz (Madrid, España, 1982); el premio Maestro de la Medicina Argentina (1986); el premio Distinguished Alumnus Award de la Cleveland Clinic Foundation (1987); The Gairdner Foundation International Award, otorgado por la Gairdner Foundation (Toronto, Canadá, 1987); el Premio René Leriche 1989, otorgado por la Sociedad Internacional de Cirugía; el Gifted Teacher Award, otorgado por el Colegio Americano de Cardiología (1992); el Golden Plate Award de la American Academy of Achievement (1993); el Premio Príncipe Mahidol, otorgado por Su Majestad el Rey de Tailandia (Bangkok, Tailandia, 1999).

Desde siempre sostuvo que todo universitario debe comprometerse con la sociedad de su tiempo y recalcó: "quisiera ser recordado como docente más que como cirujano". Por esa razón, dedicó gran parte de su tiempo a la tarea docente, a la preparación de programas educativos y a escribir libros.de medicina, educación y la sociedad.

En los últimos tiempos residía en el barrio de Palermo en la ciudad de Buenos Aires.

Una crisis de índole personal y económica ligada al mantenimiento de su Fundación, lo llevó a tomar la decisión de suicidarse a los 77 años de edad. Su inesperada desaparición es una dolorosa pérdida para la humanidad.

 

 

 

JUEGOS Y JUGUETES - JOCS I JOGUINES

Escrito por juanserrateo 01-03-2009 en General. Comentarios (0)

A ese niño sin nombre …

y también para todos los Hamed

que rondan por el mundo

 

 

 

Esquina de Estados Unidos y Bernardo de Irigoyen.

Una tarde cualquiera, no importa la fecha exacta ya que realmente podría ser cualquier tarde y todo sería igual.

Un niño trata infructuosamente de lavar los parabrisas de los coches que son detenidos irrebatiblemente por el semáforo.

Yo estaba en el bar de esa esquina y mientras revolvía lentamente, mi capuchino observaba detenidamente el accionar del chico.

 

Un secador viejo y gastado en su mano derecha, sobre la mojada vereda descansaba un balde plástico de color rojo sin manija colmado hasta más de la mitad de agua de dudosa tonalidad y en su mano izquierda lo que fue, en algún lejano día, un trapo de rejilla son sus elementos de trabajo… o deberían decir “los juguetes” que esgrime en sus pequeñas manos.

Era un juego sencillo, casi elemental.

Las reglas pueden ser consideradas básicas y cualquier niño las puede aprender, como de hecho ocurre en la realidad cada vez con mayor frecuencia, y  a juzgar por la  pericia y destreza del niño, y a  pesar de su corta edad,  era un avezado jugador,  casi se podría decir un profesional a sus escasos 10 o 12  años.

Si esto fuera ajedrez se diría que estamos ante la presencia de un precoz maestro, pero como solo se trata de la vida real, es nada más que un niño que trabaja en la calle de lo que puede para subsistir.

Solo eso, un niño.

Lo que pasaba en esa esquina en ese preciso momento, se me figura que tenía una grotesca similitud con los grandes salones de juegos electrónicos de los elegantes y luminosos shoppings que brotaron en la década de los 90, de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, en donde otros niños, de la misma edad, pero con más suerte, juegan despreocupadamente.

En especial con un juego que está de moda y que a lo mejor por mi marcada y destacada incapacidad para coordinar al unísono, pies, brazos, cadera y cabeza, en eso que el resto de la humanidad llama baile, me encanta mirar, tal vez hasta con un poco de envidia, por la destreza que muestran los chicos en su ejecución.

Ellos montados firmemente sobre unas plataformas altas, al ritmo de alguna canción de actualidad, van saltando y pisando, enormes botones ubicados en el piso del juego, mientras que en la pantalla del frente se les va mostrando los pasos que deben ir cumpliendo y se les indica mediante grandes avisos destellantes los puntos adquiridos o los errores cometidos.

 

Aquí era algo mas o menos parecido.

El jugador debe esperar pacientemente a que el semáforo se ponga en rojo y en ese preciso momento la máquina de la vida prende su contador de tiempo que empieza su alocada carrera hacia el cero absoluto.

Rápidamente mete el secador en el balde con agua, lo retira presuroso y mientras sus piernas delgadas, cubiertas por un desteñido y roto pantalón de gimnasia quizás dos talles más grandes, lo llevan entre los coches, va sacudiendo el agua excedente en el secador.

Conocedor del juego, con pasos cortos pero firmes esquiva a los colectivos, taxis y remises para buscar solo a los coches particulares.

Se acerca rápidamente al primer coche tratando de evitar el automático rechazo. El conductor acepta la invitación al juego y permite que limpie el parabrisas. El chiquillo gana puntos y unas monedas que rápidamente mete en el bolsillo del pantalón pero pierde una pequeña parte de su infancia.

Va por el segundo coche.

Es una camioneta y la altura del vehículo le impide siquiera acercarse.

Pierde tiempo, no gana ningún punto y no recibe monedas para su pantalón.

Vuelve a perder más infancia.

El turno del tercero.

No tiene suerte. No alcanza ni siquiera a levantar el secador. Desde adentro del coche agitan los brazos en señal negativa. Esta vez el niño no pierde tiempo, pero sí puntos, monedas y un poco más de infancia mientras el contador resta y resta tiempo que paradójicamente no cuenta la criatura en su haber.

Llega al cuarto coche,  y en el exacto momento que su mano toca el limpiaparabrisas, se baja la ventanilla izquierda y una mano delicadamente  femenina le alcanza unas monedas de escaso valor comercial, como si estuviera pagando de esa manera el peaje obligado en la autopista de la miseria y la pobreza. Sin esperar el ticket que burlonamente dá la vida en estos casos, la ventanilla vuelve a subirse aislando a su propietario de la vida. Esta vez el chiquillo gana tiempo, monedas y tiempo pero vuelve a perder más y más infancia.

¡Time Out ! ¡Time Out ! – grita y repite con voz casi sarcástica la vida escondida en algún rincón oscuro, al mismo tiempo que el semáforo se pone en amarillo

No tiene tiempo de más.

Otro coche avanza lentamente hacia él, tratando de llegar a la esquina para encontrar al mismo tiempo el semáforo en verde y evitar el encuentro con el jugador.

El niño no lo puede esperar.

El viento que corta  la Av. 9 de Julio, trae el grito de ¡ The End ! que recogió en quien sabe que triste y sucio cuarto en donde la pobreza y la marginalidad es majestad absoluta rodeada de su corte de aduladores y bufones llamados hambre, falta de educación y de asistencia social.

El semáforo en verde indica que debe volver rápidamente a la esquina, a su balde rojo. Meter a la carrera el secador en él y continuar hacia la bocacalle transversal,  para jugar con sus nuevos compañeros que fueron detenidos por el semáforo en rojo.

Repite esa secuencia una y otra vez.

En cada ciclo una parte, casi minúscula,  de su infancia se escurre de su vida con la misma parsimonia que el agua lo hace de su rojo balde rajado.

Cada cuatro o cinco secuencias descansa y aprovecha para contar sus pocas monedas.

Su paupérrimo y miserable tesoro a cambio de su preciada infancia.

¿A cuanto cotizará la hora de infancia perdida, en las bolsas de comercio mundiales?

¿A cuanto habrá abierto en el mercado mundial cotizando las horas perdidas de juego y escuela?

 

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Rápidamente comprendí que la primera regla básica a tener en cuenta por los jugadores inexpertos es que nunca, pero nunca, se debe estar en la calle cuando el semáforo pasa del amarillo al verde. Presupongo por lo visto y expuesto que el color verde esperanza penaliza al jugador de alguna manera extraña. O quizás el verde o solamente la esperanza no sean palabras aceptadas en este juego.

La rutina continúa otra y otra vez.

Un juego extraño.

Nunca hay ganadores, solo perdedores, entre ellos la infancia arrancada a jirones y desperdigada a los cuatro vientos en las esquinas de cada gran ciudad.

 

Nota: Esta historia tiene dos epílogos posibles.

Elija Usted lector cual prefiere usar para terminar de leer estos borradores.

Paradójicamente los dos conducen invariable e indefectiblemente al mismo lugar

 

EPILOGO 1 :  Ese mismo día, Huguito,  un sol rubio e hijo de Rubén, un amigo que el viento me trajo, cumplía años.

Si las condiciones sociales en las que él se crió no hubieran sido las que tuvo, si no hubiera tenido las oportunidades que la vida le ofreció, quizás ese chico sin nombre podría llamarse Hugo.

O quizás podría haber sido alguno de mis hijos y llamarse Matías o María de los Ángeles

O tal vez, solo tal vez podría ser el suyo lector

Tal vez  ….

¿No le parece?

  

EPILOGO 2 :  Casi 6 meses después de escrita esta historia, un 3 de Febrero del 2005, en un matutino de la Capital Federal un artículo de Gustavo Sierra, me sorprende.

El artículo dice textualmente: “Hamed alarga la mano roñosa y esconde la cara por debajo del pañuelo. Recorre auto por auto de los que se amontonan en forma totalmente desordenada en la rotonda Ukba bin Nafie, en el centro de Bagdad. Pide “bakalish”, una propina. Lo hace escondido detrás de un vestido de su hermana, de color rosa con bordados en el pecho. Hamed tiene 12 años y se hace pasar por mujer para dar más lastima …Hamed es un chico refugiado de la guerra. Su familia perdió la casa que tenían en la ciudad de Hilla,  a unos 100 kilómetros de Bagdad … El padre murió 2 meses más tarde de las heridas que sufrió al caer una bomba estadounidense cerca del camión que manejaba. La madre con sus ocho hijos se fue a vivir a lo que eran los cuarteles de Fuerza Aérea iraqui …”

Cualquier similitud de esto con los cientos y cientos de chicos que deambulan por Buenos Aires por caricaturesca que parezca, no es una simple casualidad.

Desde el diario la cara sonriente e inocente de toda culpa de Hamed, tiene que ser una sonora cachetada a toda la sociedad.

Piense solo por un segundo lector….

Cualquiera de nosotros podría haber nacido en Bagdad

¿O no?

 

Juan Serrateó/ 2009

 

(Basada en una Historia publicada en el Libro Crònicas y Sueños de Juan Serrateó)

 

 

Jocs i joguines - (Juegos y juguetes)

         Letra y Música de Jona Manuel Serrat

 

 

¿Qué quieres decirme, asomándote a la altura de la silla,

ojos de azúcar, manitas de un cuarto de palmo,

que has descendido de tu castillo de juegos y juguetes

a nuestro mundo, lleno de manías y gente mayor?

 

¿Qué quieres hacerme saber, princesa de la alfombra?

¿A qué clase de dios pide justicia tu dedo levantado?

¿Con qué habrá tropezado tu piel de monja?

¿Qué alboroto el nuevo día nos tiene reservado?

 

Que has dejado juguetes y juegos esparcidos por el patio

y entre mis rodillas vienes a llorar.

Que una avispa, que una flor,

que cortejando te han herido, niña mía.

 

Sequémosle las lágrimas, pongámosle al dedo barro.

 

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